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El 15 de Septiembre se conmemora el Día Mundial del Linfoma, una iniciativa
mundial cuyo objetivo es alertar a la población sobre la existencia de estas
enfermedades, que a la par de ser cada vez más frecuentes son casi desconocidas
para la inmensa mayoría de la gente. Se busca que todos tomen conciencia de su
gravedad y que conozcan sus síntomas y signos más frecuentes para que no sean
tomados a la ligera, dada su inespecificidad, y sirvan de señal para llegar
rápidamente a la consulta especializada.
Román Bayo, médico hematólogo y director médico de MaterCell, explicó que un
linfoma es un cáncer del sistema linfático. Éste integra el sistema inmunológico
de defensa del organismo, está formado por una red de vasos llamados linfáticos,
que transportan un líquido blanquecino llamado linfa donde circulan nutrientes,
anticuerpos y linfocitos, que son células sanguíneas que tienen que ver con la
defensa contra tumores e infecciones. Estos vasos desembocan en los ganglios
linfáticos.
Los ganglios se distribuyen en grupos simétricos por todo el cuerpo, y pueden
ser accesibles a la vista o a la palpación en ingles, cuello y axilas. Son
detectables en tórax, abdomen y pelvis mediante radiografías u otros medios que
producen imágenes. Existe tejido linfático en las amígdalas, el tubo digestivo,
el bazo, el timo y la médula ósea.
Se clasifica a los Linfomas en dos grandes grupos:
- El Linfoma o Enfermedad de Hodgkin con sus distintas variantes, caracterizado
por la presencia de la llamada célula de Reed Sternberg, que no aparece en el
otro grupo. Su incidencia va decayendo en los últimos años.
- Los Linfomas llamados “No Hodgkin”, cuya incidencia está aumentando
notablemente en los últimos años y abarca unos treinta tipos diferentes.
La única forma de hacer el diagnóstico correctamente es a través de una
biopsia del tejido linfático afectado (el cual se detecta por un aumento de su
tamaño que lo hace visible), con técnicas de imágenes o por la simple palpación.
Los síntomas que presentan en general son inespecíficos, como por ejemplo
cansancio, fiebre, sudoración nocturna; y eso puede hacer que se los confunda
con enfermedades menos serias como un estado gripal, una infección viral banal o
una mononucleosis.
Actualmente muchos linfomas, diagnosticados tempranamente y tratados
adecuadamente por especialistas pueden ser curados. Los tratamientos consisten
en quimioterapia, que puede recibirse sola o combinada, con inmunoterapia
realizada con anticuerpos monoclonales, o con radioterapia. Esta última puede
utilizarse exitosamente, en algunos casos, como única terapia.
El trasplante es una opción para pacientes que presentan recaídas, con
inefectividad de los tratamientos de primera línea. Puede ser autólogo
utilizando células madre del propio paciente (obtenidas de la médula ósea sana o
de sangre periférica luego de una estimulación especial); y seguramente en el
futuro, de sangre de cordón umbilical almacenada en el momento del nacimiento,
para quienes hayan decidido preservarla.
En casos especiales, en los que la respuesta a los tratamientos
convencionales o al trasplante autólogo es inadecuada, se puede hacer trasplante
alogénico, siempre que se consigan células compatibles, ya sea de médula, sangre
periférica o cordón umbilical de un donante histocompatible.
Las células madre son células capaces de generar otras células idénticas a sí
mismas y generar también células que pueden, mediante determinados estímulos,
adquirir una función especializada; como por ejemplo, las que forman parte de un
órgano o tejido.
Nacen cuando se produce la fecundación del óvulo por el espermatozoide y ese
huevo o zigoto comienza a dividirse. Siempre hay células que mantienen esa
característica de ser “madres” al mismo tiempo que algunas de las células
“hijas” van diferenciándose para dar origen a todos los órganos y tejidos del
organismo. Al momento del nacimiento hay un número elevado de células madre
circulando en la sangre.
Dentro de los vasos de la placenta y del cordón umbilical, al separar al
recién nacido, queda un remanente de la sangre que circulaba, la que puede
recolectarse y crío preservarse, de manera de contar con células madre 100%
compatibles para el caso de ser necesitadas en el futuro por ese recién nacido,
o bien, en el caso de ser donada, para alguien que está en algún lugar del
mundo, no tiene células propias ni donantes compatibles y necesita un
trasplante.
Trasplante de células madre como parte del tratamiento de linfomas
En aquellos casos en los que los tratamientos convencionales con quimioterapia
y/o inmunoterapia y/o radioterapia no impiden la recaída del paciente con
linfoma, una de las posibilidades de tratamiento es emplear quimioterapia y/o
radioterapia en altas dosis, ya que al aumentar las dosis de los agentes
terapéuticos, algunos cánceres entran en remisión y eventualmente se curan.
El problema es que indefectiblemente estas dosis dañan la médula ósea de tal
manera que, si no se regenera mediante células madre propias o ajenas
histocompatibles, el paciente finalmente moriría por insuficiencia medular. Si
se han podido recolectar, previamente al tratamiento, células madre sanas de su
médula ósea o de su sangre periférica estimulada (o bien tiene almacenadas
células de su cordón umbilical) el trasplante autólogo es la primera elección,
ya que el trasplante alogénico tiene una mortalidad asociada al procedimiento
mucho más alta que la del autólogo; sobre todo cuando proviene de alguien que no
es de la familia del enfermo.
Se prefiere el trasplante alogénico en los casos de falta de respuesta al
tratamiento convencional y/o al trasplante autólogo, con múltiples recaídas,
para aprovechar la acción inmunológica que las células extrañas (alogénicas)
puedan ejercer sobre las células cancerosas; lo que le daría un plus al
tratamiento quimio/radioterápico.
Por lo tanto, la posibilidad de tener células madre propias, 100%
compatibles, sanas y funcionales, que no estén contaminadas por un resto de
enfermedad no detectable (como podría ocurrir con la médula o sangre del propio
paciente), tiene un gran valor; lo cual justificaría la decisión de almacenar la
sangre de cordón en un Banco para uso propio. De todas maneras, si en lugar de
almacenarlas para el recién nacido, la familia siente que donarlas les dará a
esas células un mejor destino, debe hacerlo en un Banco Público (en nuestro
país, al Banco que funciona en el Hospital Garrahan).
Lo que de ninguna manera recomendamos es desechar ese material que puede
significar la diferencia entre la vida y la muerte para una persona. Hasta el
momento, en la mayoría de los casos, lo que se hace es desechar la sangre de
cordón umbilical al nacimiento, desperdiciando así un recurso terapéutico de
gran valor actual y a futuro. Un verdadero derroche biológico.
Vía: ASTERISCOS
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